
“Wudang: Cuna del Kung Fu Daoísta”
Las Montañas de Wudang
Las montañas de Wudang en China, “las montañas del guerrero verdadero”, son famosas por ser uno de los lugares de peregrinación daoísta más importantes en el mundo. Entre sus cimas y valles llenos de naturaleza prístina, uno puede encontrar hermosos y místicos paisajes de donde brotan los templos y palacios que conmemoran los diferentes momentos de la vida de Zhen Wu, el Guerrero Verdadero, una de las principales deidades daoístas, y de quien estas montañas toman su nombre.
En 1994, la UNESCO declaró los antiguos edificios de las montañas de Wudang como Patrimonio de la Humanidad, reconociendo su valor cultural e histórico. Algunas de sus estructuras más emblemáticas son el Palacio de la Nube Púrpura (Zi Xiao Gong), el Templo del Sur (Nan Yan Gong) y la Cumbre Dorada (Jinding), situada en la cima de la montaña principal.
El complejo arquitectónico de Wudang es uno de los conjuntos daoístas más grandes de China. Durante el reinado del emperador Yongle (1403-1424) de la dinastía Ming, se movilizaron 300,000 soldados, civiles y artesanos durante 12 años para construir 9 palacios, 8 templos, 36 ermitas y 72 santuarios en acantilados, además de 39 puentes y 12 pabellones, distribuidos en 33 grupos arquitectónicos. En la actualidad, se conservan alrededor de 49 a 53 de estas estructuras antiguas.



Zhen Wu , el Guerrero Verdadero

Según la leyenda, fue el príncipe del Reino de Jing Le quien, a los 15 años, renunció a su corona y partió para dedicar su vida al cultivo espiritual en las montañas de Wudang. Durante ese tiempo enfrentó múltiples pruebas y obstáculos y tras una década de meditación y vida ascetica, se sentía frustrado por lo que decidió rendirse y abandonar la montaña, sin emabrgo en su camino hacia abajo se encontró con una anciana —que en realidad era la deidad Guanyin disfrazada—ella e enseñó una profunda lección sobre la paciencia, la resiliencia y la entrega verdadera al mostrarle cómo moldeaba una barra de metal hasta convertirla en una fina aguja. Renovado su compromiso, continuó su práctica hasta que, tras 42 años de cultivo, se le presento una ultima prueba enviada por el Emperador de Jade y al sobrepasarla alcanzó la inmortalidad, ascendiendo al cielo desde el templo de Nanyan y convirtiéndose en la deidad protectora de la montaña.
Mientras Zhen Wu ascendia pronunció:
“非真武不足以当之”
(Fēi zhēnwǔ bùzú yǐ dāng zhī)
“Solo el Guerrero Verdadero puede ser digno de lograrlo”
De esta frase se extrajeron los caracteres “Wu” y “Dang”, dando nombre a la montaña. Se convirtió así en el dios del Norte, asociado con la tortuga y la serpiente, y es considerado el fundador de las artes marciales internas de Wudang.

Zhang Sanfeng y el Origen del Wushu de Wudang

Zhang Sanfeng (張三丰) es una de las figuras más emblemáticas y enigmáticas de la tradición daoísta y de las artes marciales chinas. Las fuentes varían considerablemente sobre su nacimiento —algunas lo ubican hacia el final de la dinastía Song, otras durante la Yuan—, pero es descrito consistentemente como un hombre de extraordinaria estatura y vestimenta descuidada, que erraba por las montañas de China sin dejar rastro, y activo hasta bien entrada la dinastía Ming. Adoptó el nombre de Sanfeng en alusión, según la tradición más difundida, a tres cumbres montañosas que contempló en Wudang . Aunque su existencia histórica no está plenamente probada y los académicos lo consideran una figura semimítica, su impacto es indiscutible: la dinastía Ming lo veneró como un “inmortal viviente”, el emperador Yingzong le otorgó el título de “通微显化真人” (Persona Perfeccionada que Penetra lo Sutil y Manifiesta la Transformación) y su historia sigue inspirando y enseñando a miles de practicantes hoy dia.

La historia más difundida sobre el origen del Taijiquan entrelaza lo divino y lo natural, el sueño y la observación. Cuenta la leyenda que fue el propio Zhen Wu, el Guerrero Verdadero, quien le transmitió las técnicas del Taijiquan a Zhang Sanfeng en un sueño o visión, mientras este se encontraba meditando en una choza. Al despertar, o quizás aún inmerso en aquel estado de revelación, Zhang Sanfeng escuchó el canto de una grulla. Al salir, vio que el ave se enfrentaba a una serpiente que reposaba en el suelo. La serpiente levantó la cabeza con calma y, cada vez que la grulla se lanzaba a picotearla, esquivaba el ataque con una serenidad imperturbable, contragolpeando con la cola. Zhang Sanfeng observó fascinado cómo la serpiente evitaba los ataques usando la quietud para vencer el movimiento y la suavidad para vencer la firmeza, principios que resonaban con la filosofía del Dao De Jing de Laozi. Inspirado por esta escena, e incorporando las técnicas de meditación daoísta, creó un tipo especial de boxeo basado en la teoría de “usar la quietud para vencer el movimiento y la suavidad para vencer la firmeza”, dando forma al arte marcial. Este fue el origen del boxeo interno de Wudang, conocido hoy como Taijiquan, un arte marcial nacido de la contemplación de la naturaleza y de la profunda conexión entre el movimiento, la quietud y el espíritu.
WUDANG A INICIOS DEL SIGLO XX
A diferencia de los estilos externos (Waijiaquan), el Neijiaquan prioriza la suavidad, la sensibilidad y la conexión entre mente, cuerpo y energía. La distinción entre artes marciales internas y externas se remonta a 1669, cuando el erudito Huang Zongxi asoció por primera vez lo interno con la tradición daoísta y lo externo con el budismo de Shaolin.
Pero fue el maestro Sun Lutang (1860-1933) quien, entre 1915 y 1924, consolidó esta idea al clasificar formalmente el Taijiquan, el Baguazhang y el Xingyiquan como las tres artes que constituyen el Neijiaquan tal como lo entendemos hoy. En 1928, el recién fundado Instituto Central de Artes Marciales de Nanjing organizó torneos nacionales para seleccionar a los mejores maestros del país —impulsado en buena parte por el general Li Jinglin, maestro de la espada de Wudang y vicepresidente del instituto—, y los practicantes de Taiji, Bagua y Xingyi fueron reconocidos como representantes de Wudang por sus habilidades internas. Desde entonces, el nombre de Wudang se convirtió en el término predominante para las artes marciales internas en toda China.


Sin embargo, las décadas siguientes trajeron un profundo declive. La inestabilidad política y la ocupación de los templos durante el período republicano, agravadas por los conflictos bélicos de mediados de siglo, dispersaron a los maestros e interrumpieron la transmisión tradicional. Xu Benshan (1860-1932), decimoquinto maestro del linaje Longmen Quanzhen, fue el último gran abad del Palacio Zixiao durante el ocaso de la dinastía Qing y los primeros años de la República, y un personaje fundamental que sostuvo la transmisión marcial de Wudang hasta la era moderna: sin su labor de preservación, gran parte de lo que hoy constituye el conocimiento marcial de la montaña se habría perdido. En 1931, permitió que el Palacio Zixiao recibiera y alojara el cuartel general del Tercer Ejército Rojo, dirigido por el propio mariscal He Long, quien ordenó a sus tropas respetar estrictamente las normas daoístas, no dañar los templos ni los objetos sagrados, y no tomar nada que no les perteneciera.

Este gesto impresionó a Xu Benshan, quien decidió recibir al ejército en persona, rompiendo con la norma que prohibía a los monjes involucrarse en asuntos militares. Durante meses, alimentó y curó a los heridos, e hizo una profunda amistad con He Long, a quien también transmitió conocimientos del wushu de Wudang. Al final, esto le costó la vida a Xu Benshan, quien fue asesinado por un cacique local después de que He Long y su ejército partieran.

Durante la Revolución Cultural (1966-1976), los templos de Wudang fueron saqueados y dañados, muchos textos sagrados quemados y los monjes enviados a campos de trabajo. La maestra Li Chengyu (1885-2003), una de las guardianas del linaje Longmen, fue una de las pocas monásticas que permaneció en la montaña durante esos años, aun cuando las autoridades le prohibieron formalmente tomar discípulos; su sola presencia, sostenida durante décadas de represión, mantuvo viva la continuidad monástica de Wudang hasta que pudo volver a enseñar abiertamente. Los detalles de su historia son una muestra del profundo compromiso y devoción que el daoísmo y la tradición de la montaña sagrada despiertan en sus practicantes. Algunos otros, sobrevivieron años de penurias, incluyendo trabajos forzados, antes de ser rehabilitados en 1979 —y para finales de esa década apenas quedaba una veintena de monásticos sosteniendo la tradición guardando en silencio el conocimiento de las artes internas de Wudang—. Tras el inicio de la reforma y apertura de Deng Xiaoping en 1978, se flexibilizaron las restricciones religiosas, legalizándose formalmente la práctica en 1979.

El RENACIMIENTO DE WUDANG
No fue sino hasta la década de 1980 cuando comenzó un nuevo florecimiento. En 1984 se fundó la Asociación Taoísta de Wudang en el Palacio Zixiao, un hito que marcó el inicio de la recuperación institucional de la montaña. En 1985, el maestro Wang Guangde (1947-2001) —quien desde joven se había formado—, entonces líder de la asociación, hizo un llamado público para que los maestros y daoístas dispersados regresaran a la montaña. Este gesto permitió que quienes habían preservado las enseñanzas en secreto comenzaran a transmitirlas de nuevo. La respuesta a este llamado fue fundamental para el resurgimiento de las tradiciones casi perdidas. Maestros como Guo Gaoyi (1900-1996) y Zhu Chengde (1898-1990) fueron nombrados Instructores Jefes de Artes Marciales de la asociación, convirtiéndose en las dos figuras centrales de la transmisión pública del kung fu de Wudang.

Guo Gaoyi, veterano de la guerra antijaponesa, se había formado con el maestro Tang Chongliang y fue quien sistematizó la enseñanza marcial en la montaña. Zhu Chengde, por su parte, era el guardián de las enseñanzas esotéricas y fue responsable de la preservación de textos fundamentales como el Qigong de la Iluminación de las Tres Puertas del Cielo de Wudang.

A esta generación se unieron otros maestros que también desempeñaron un papel crucial. Liu Lihang (1902-2002), vigésimo segundo sucesor de la rama Chunyang del linaje Longmen, dedicó su vida a preservar las enseñanzas secretas y en sus últimos años, las transmitió abiertamente, contribuyendo a refutar la idea de que “Wudang no tenía boxeo”.

El maestro Lv Zijian (1893-2012), campeón del torneo nacional de artes marciales de 1931 en Nanjing, encarnó el puente entre el Wudang de la era republicana y su renacimiento contemporáneo: sobrevivió décadas de trabajos forzados en Xinjiang antes de ser rehabilitado en 1979, regresando para seguir transmitiendo lo que había aprendido de su maestro Xu Benshan medio siglo atrás.

Por su parte, la maestra Zhao Jianying (1926-2011) protagonizó uno de los rescates más decisivos de este período, en una cadena de transmisión que igualmente se remonta directamente a Xu Benshan: el abad había transmitido el Taiyi Wuxing Quan a su discípulo Li Helin, quien en 1929 lo enseñó durante siete meses a Jin Zitao, el hermano del ultimo emperador de China que visitaba la montaña. Jin Zitao guardó esa técnica en secreto durante más de cinco décadas, hasta que en 1980 la hizo pública por primera vez en el Congreso Nacional de Wushu en Taiyuan, y por invitacion del maestro Wang Guang De regreso a Wudang para enseñarla abiertamente. Zhao Jianying recibió de él la transmisión completa ese mismo año, convirtiéndose en entrenadora jefe de artes marciales de la Asociación Taoísta de Wudang y asegurando que esta rama del conocimiento, heredada directamente del último abad de Zixiao Gong, llegara hasta nuestros días.

Otro maestro que es importante de mencionar para la historia de la montaña es You Ming Sheng (1952-2008), duodécimo sucesor del linaje Songxi Pai, fue un prolífico autor y embajador de esta tradición, cuya obra escrita y enseñanzas contribuyeron a sistematizar y difundir el legado de Zhang Songxi.

Desde entonces, la montaña ha experimentado un renacimiento sin precedentes, atrayendo a practicantes de todo el mundo y consolidándose como el corazón espiritual del Neijiaquan. Gracias al esfuerzo de estos y muchos otros maestros aunque no han sido mencionados, el conocimiento que durante siglos se transmitió en secreto no solo sobrevivió a la adversidad, sino que hoy florece como un patrimonio vivo que sigue inspirando a nuevas generaciones.
Wudang en la actualidad
Hoy, en pleno renacimiento, la montaña ha vivido una explosión de escuelas de wushu kung fu, y muchos de los maestros de la siguiente generación de Wudang han viajado por el mundo: Asia, Europa, Estados Unidos y México. Algunos dedicados practicantes de diferentes países del mundo han sido aceptados y reconocidos como discípulos oficiales de los diferentes maestros y linajes presentes hoy en día en la montaña. Así, el wushu y la cultura tradicional daoísta de Wudang han traspasado las fronteras de China, asegurando su supervivencia en este nuevo milenio y permitiendo que el beneficio de todas estas tradiciones llegue a personas en todo el mundo.
La transmisión del conocimiento sigue viva a través de los linajes principales que hoy coexisten en la montaña, como los linajes Sanfeng Pai y Xuan Wu Pai, activos con las generaciones decimocuarta, decimoquinta y decimosexta de discípulos que enseñan en Wudang y en el extranjero. El linaje Longmen Pai (Puerta del Dragón), la rama más extendida dentro del daoísmo Quanzhen —la escuela daoísta más grande de China—, está presente con su 24ª ,25ª y 26ª. generación de maestros y se ha extendido a Alemania, Rusia, México, Francia, Italia y Estados Unidos, entre muchos otros países. En México, el Wudang Longmen Pai está presente a través del maestro Leonel Pedraza (Chong Yuan), discípulo oficial de la 26ª generación. El pertenece a esta nueva generación de herederos extranjeros de la montaña, y es su misión difundir y preservar en México la llama de estos preciosos conocimientos, transmitiendo las enseñanzas que Shifu Wang le ha transmitido en Wudang.

Wudang sigue siendo, hoy como hace siglos, un puente vivo entre el pasado y el presente: un lugar donde la quietud y el movimiento, la suavidad y la firmeza, se entrelazan en armonía, y el conocimiento se transmite de maestro a discípulo, generación tras generación.

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